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El Hogar “San José” cumple sus bodas de oro

El reconocido Hogar “San José”, dedicado al cuidado y la atención de adultos y adultas mayores, cumple su 50 aniversario este viernes 16.

Actualmente, está a cargo de miembros de la Orden de San Juan de Dios, quienes, con el apoyo de los Ministerios de Desarrollo, Igualdad e Integración Social y de Salud, se encargan del cuidado de las y los residentes y conviven en armonía y en comunión con Dios.

La ministra de Desarrollo, Igualdad e Integración Social, Gabriela Pedrali felicitó a los actuales responsables del funcionamiento de la institución por la abnegada tarea que realizan en beneficio de los y las residentes y de la comunidad. También reconoció el enorme aporte realizado por el beato Enrique Angelelli, el padre Enri Praolini, los y las religiosas y los y las trabajadores que aportaron su esfuerzo al funcionamiento del hogar en estas décadas.

A su vez, el secretario de Inclusión y Desarrollo Social también respaldó el trabajo de la Orden San Juan de Dios y todos los trabajadores y trabajadoras que aportaron la su esfuerzo y compromiso para brindar este servicio tan importante para nuestra comunidad.

Por su parte, la y la presidenta del Consejo Provincial de Adultos mayores, Marcela Fernández saludó afectuosamente al Hogar San José, a su personal y a los Adultos y Adultas residentes, instándolos a seguir siendo una institución muy apreciada, al servicio de nuestra comunidad-

Festejos

Ayer jueves 15, a las 20,30 se realizó una cena de gala con la participación, vía internet, de grupos musicales. Y hoy, viernes, a las 10,30 se realizará el acto central en el que se descubrirá una placa recordatoria con la presencia, a través de la plataforma zoom, del gobernador Ricardo Quintela, la ministra Pedrali, el secretario de Inclusión y Desarrollo Social, Alfredo Menem y la presidenta del Consejo, Marcela Fernández.

El Hogar San José nació en 1970 en el barrio Vargas, por pedido de monseñor Enrique Angelelli, ahora beato, luego que dejara de funcionar en el lugar un hospital de niños y todo el predio quedara en estado de abandono. “Monseñor Angelelli vio la gran necesidad del sector de personas adultas mayores que pedían tener un lugar donde poder vivir, por lo que pidió al Gobierno provincial que cediera el predio, para convertirlo en un hogar para los dos veces niños, que son los mayores”, recordó el Padre Joaquín, actual encargado del Hogar.

Luego de unas cuantas gestiones llegaron a la provincia las Hermanas Pobres Bonaerenses y se encargaron de llevar adelante el Hogar San José por más de 40 años, pero en 2012 dejaron la misión por no contar con más vocaciones. Mediante el Obispado de la provincia y el Ministerio de Desarrollo, Igualdad e Integración Social solicitaron que llegara a la provincia una nueva orden hospitalaria religiosa para encargarse del Hogar. Así fue como llegaron los Hermanos de San Juan de Dios, en la persona del Padre Joaquín y el riojano, hermano Claudio.

“Yo vine con muchas ilusiones, vi una oportunidad porque nuestra consigna es ir a aquellos que están más necesitados de nuestra asistencia y socorro. El 22 de abril llegué ya para quedarme y el doctor interino de ese momento, Pelliza, nos dio las llaves del lugar y nos hicimos cargo del predio y de las 16 personas residentes para cuidarlos y atenderlos. Desde ese momento ya pasaron nueve años”, recuerda el padre Joaquín.

Un cálido lugar

El Hogar San José cuenta con un extenso jardín donde se puede mantener contacto con la naturaleza, respirar aire puro, oír el cantar de las aves y encontrar tranquilidad. Además, entre las y los cuidadores y todas las personas adultas mayores que lo habitan conforman una gran familia, que se acompaña y participan de las distintas propuestas del programa que se ofrece cada día. “Actualmente tenemos lista de espera, siempre hay muchas peticiones para poder ingresar aquí, tanto de personas que viven solas o que pasan mucho tiempo a solas, como de personas que ya están institucionalizadas y quieren hacer el pase”, contó el Padre Joaquín.

Al finalizar, recordó las palabras del Papa Francisco cuando sostuvo que “los mayores retos de la iglesia son el desempleo de los jóvenes y la soledad de los ancianos”. Por lo que precisó que diariamente desde el Hogar se trabaja por el bienestar de las personas adultas mayores.

Por su parte, el director y hermano Claudio Pane, que además es enfermero, señaló que las Bodas de Oro de la institución se cumplen en este año tan particular. “Las vamos a celebrar de una manera diferente, junto a las adultas y adultos mayores y el personal, especialmente de enfermería”, comentó.

Respecto a este tiempo de emergencia sanitaria, destacó que “supimos batallar la pandemia junto a los abuelos y la afrontamos con tranquilidad”.

Además, brindó su recuerdo a las Hermanas Pobres Bonaerenses por el largo periodo que estuvieron al frente de la institución. Sobre el presente destacó que “aquí somos un verdadero hogar, una casa donde disfrutamos la tranquilidad y la espiritualidad. Buscamos que las personas que viven aquí se sientan bien y que puedan pasar sus últimos años con alegría y que puedan ser acompañados que es lo más importante”.

Asimismo, el jefe de enfermería, Gabriel contó que su trabajo en el Hogar le permitió expresar su profesión en su máxima expresión en el cuidado de adultos y adultas mayores. “La esencia de la enfermería es el cuidado de las personas en todas las etapas de su vida. Por lo que desempeñamos la enfermería con pasión y profesión, brindando cuidados de calidad”, indicó.

Por otro lado, destacó la espiritualidad y valores cristianos que aportan desde la Orden San Juan de Dios, contando que “comparten el carisma que es el amor a las personas adultas mayores, un carisma que nace del corazón del evangelio que es el de la misericordia y el amor”.

Luego, Gabriel recordó que su vida estuvo relacionada al Hogar desde niño, cuando colaboraba como voluntario. “Poder compartir hoy los 50 años del Hogar, con todos los adultos y adultas mayores de aquí es algo muy importante para mí, una experiencia muy linda y enriquecedora, porque el Hogar tiene toda una trayectoria al cuidado de los adultos mayores de La Rioja, porque acá siempre se les brindó una posibilidad de estar cuidados y sentirse queridos”, expresó y agregó: “Estos 50 años son una historia de amor para los adultos mayores de La Rioja”.

La felicidad de pertenecer

Una de las residentes, Marita Carmona mostró su felicidad de vivir en el hogar, comentando que conoce casi todo el mundo y “la verdad es que nunca fui tan feliz como acá en el Hogar, porque tengo mucha vida espiritual, el hermano Claudio y el padre Joaquín son muy buenos, como si fueran de mi familia. Nunca me siento sola ni extraño nada de afuera, el hogar se convirtió en mi casa”. Respecto a este tiempo de pandemia de covid 19, dijo que lo pudo vivir con tranquilidad, que solo notó que hay más distancia física entre cada persona, pero que eso fue todo el cambio que percibió.

Mientras que otro residente, Manuel “Lito” Sánchez indicó que “el hogar para mi significa algo grandioso, porque yo tenía mi techo, pero me encontraba muy solo y mi hijo, siempre le agradezco, me consiguió un lugar aquí y mi vida cambió totalmente, sobre todo luego que perdí la vista hace cuatro años. Estoy realmente muy agradecido con el hogar, nunca me falta una amistad ni un plato de comida”.

Al finalizar, “Lito” dijo que con las otras personas adultas mayores se hacen compañía mutua y que Dios siempre está presente cada día. “Seguro que la pasamos muy felices en estás Bodas de Oro”.

Incluso las personas que ya no pertenecen al Hogar lo recuerdan cada día, como el caso de Argentina «Tina» del Valle que se desempeñó por 27 años como cocinera en la institución. “Siempre estuve familiarizada con el Hogar, porque soy del barrio de Vargas y desde chiquita venia para hacer teatro y baile, participar con los abuelos, abuelas y hacerles compañía. Y se me dio el sueño de poder trabajar acá y lo disfruté muchísimo”, contó.

Argentina resaltó que todo el barrio vive con alegría los 50 años del Hogar San José porque siempre colaboran y lo llevan dentro del corazón.

Respecto a su labor, recordó que ingresó al Hogar mediante la gestión del Padre Enri Praolini, cuando el hogar era dirigido por las Hermanas Bonaerenses. “Fue una experiencia inolvidable, llena de espiritualidad, aprendí a abrir el corazón de los abuelos y abuelas, porque ellos necesitan amor”. “Luego, con la congregación del Padre Joaquín se ampliaron las instalaciones y se pudo recibir a más personas”.

Hace dos años que Argentina se jubiló, pero continuó asistiendo diariamente al hogar para acompañar a sus residentes y para integrar el grupo de adoración perpetua. “Por todo esto de la pandemia no pude volver más, pero siempre estamos en contacto, porque trabajar aquí fue la bendición más grande que Dios me dio en la vida”, concluyó.

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