La decisión del gobierno argentino de trasladar su embajada a Jerusalén se encuentra actualmente suspendida debido a tensiones con las empresas israelíes Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum. Estas empresas han sido objeto de críticas por parte de Argentina, que considera ilegítimos sus proyectos de extracción petrolera cerca de las Islas Malvinas. Este conflicto ha afectado las relaciones entre ambos países, generando un impacto en la política exterior argentina.
El presidente argentino, Javier Milei, había discutido previamente la reubicación de la embajada durante su visita a Israel, pero fuentes cercanas a su administración han indicado que las disputas sobre estas operaciones han llevado a una pausa en esos planes. En particular, se estima que el proyecto de Navitas, con un valor aproximado de 2.100 millones de dólares, comenzaría en 2028, lo que ha elevado la preocupación en Buenos Aires.
Ambas compañías han enfrentado prohibiciones para operar en Argentina debido a actividades que se consideran no autorizadas. A pesar de los intentos del ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, por calmar las inquietudes argentinas al aclarar que Israel no participa en las operaciones, la controversia sigue afectando las relaciones bilaterales.