Las recientes lluvias en La Rioja han dejado al descubierto la falta de preparación ante eventos climáticos extremos. En localidades como Chepes, se registraron precipitaciones de más de 200 milímetros en pocas horas, provocando inundaciones severas y el colapso de la infraestructura urbana. Los vecinos relataron cómo el agua ingresó rápidamente en sus hogares, obligándolos a utilizar baldes y palas para remover el barro acumulado.
Durante enero, las tormentas afectaron diversas zonas, resultando en calles destruidas, cortes de tránsito y viviendas dañadas. Productores del interior informaron sobre pérdidas significativas, incluyendo animales muertos y caminos rurales intransitables, lo que impacta negativamente en la economía local. A pesar de que las lluvias pueden representar un alivio hídrico, su intensidad y volumen han llevado a consecuencias devastadoras.
El contexto revela un problema estructural más profundo, que no solo se limita a la meteorología. La falta de un sistema de drenaje urbano adecuado en muchas localidades, sumada a la falta de mantenimiento de canales, resalta la necesidad de una respuesta efectiva y planificada ante el cambio climático que ya se está sintiendo en la región.