La reciente incursión de las fuerzas de EE.UU. en Venezuela ha puesto de manifiesto las deficiencias en las defensas aéreas del país, a pesar de la millonaria inversión en armamento realizada por los gobiernos de Chávez y Maduro. Las defensas, que incluyen sistemas adquiridos a Rusia y China, no lograron repeler el ataque, lo que generó cuestionamientos sobre su efectividad.
Durante el ataque, los aviones F-22 de EE.UU. pudieron acceder al espacio aéreo venezolano sin resistencia, tras la desactivación de los radares por elementos de guerra electrónica. A pesar de que algunos soldados intentaron utilizar los misiles Igla-S, la respuesta fue insuficiente y varios sistemas de defensa fueron localizados y destruidos fácilmente.
El liderazgo militar de Venezuela enfrenta críticas por su incapacidad para enfrentar esta amenaza, evidenciando una brecha significativa entre la inversión en armamento y su capacidad operativa real.