Las recientes lluvias en La Rioja han causado daños significativos y un impacto social notable. A pesar de la rápida respuesta del gobierno provincial, que incluyó asistencia y presencia en el territorio, el descontento de la población ha aumentado. La crítica se ha centrado casi exclusivamente en el peronismo local, ignorando la inacción del gobierno nacional, lo que ha generado un clima de legitimidad política cuestionada.
Mientras tanto, el sur del país enfrenta una crisis de incendios devastadores que han arrasado miles de hectáreas y destruido hogares. Los bomberos y voluntarios están trabajando intensamente, pero denuncian la falta de recursos y apoyo del gobierno nacional. A pesar de esta emergencia, el Presidente se ha mantenido alejado de la situación, priorizando actividades partidarias y sociales.
Esta desigualdad en la percepción de responsabilidades políticas se acentúa con la inminente visita presidencial a La Rioja para el festival de la Chaya, que no suscita la misma reacción que la que tendría un gobernador en una crisis local. Además, el deterioro económico afecta diariamente a la población, pero el foco de la indignación recae en el gobierno provincial, mientras que las políticas económicas nacionales, que han agravado la situación, permanecen en el trasfondo de la discusión social.