La inflación en Argentina ha alcanzado un 2,8 por ciento, mientras que el incremento anual se sitúa en 31,5%, de acuerdo con datos del Indec. Este fenómeno se debe a un cambio en el programa económico implementado por el Gobierno, que incluyó la eliminación del tipo de cambio fijo y la reestructuración del sistema cambiario bajo la supervisión del FMI.
El primer ajuste se realizó en abril, cuando se abandonó el crawling peg, un mecanismo de devaluación controlada. Posteriormente, a fines de año, se introdujo una segunda modificación que permitió la actualización automática de las bandas cambiarias según el índice de inflación, lo que provocó un aumento significativo en los precios. Este nuevo enfoque refleja la necesidad del Gobierno de obtener dólares en medio de un contexto económico complicado.
Los costos, que se ajustan rápidamente al nuevo esquema cambiario, afectan no solo a los bienes finales, sino también a los insumos dolarizados. La situación actual ha llevado a las empresas a adaptar sus precios para evitar quedar rezagadas en un mercado cada vez más indexado al dólar.