A casi tres meses en el cargo, el nuevo canciller de Argentina se presenta con un enfoque que destaca por su mayor apertura. A pesar de este cambio de estilo, su gestión refleja una obediencia total hacia la política exterior establecida, lo que implica un alineamiento acrítico con ciertos sectores.
Además, se observa una imposición de autocensura y una batalla cultural impulsada por la extrema derecha en el gobierno, que marcará el rumbo de la diplomacia argentina en el futuro cercano.