La Cuarta Marcha Universitaria Nacional reunió a más de un millón de personas en las calles de Buenos Aires y otras ciudades importantes del país, convirtiéndose en un fuerte rechazo al ajuste presupuestario y al deterioro de la educación pública. Estudiantes, científicos, trabajadores y jubilados levantaron libros y banderas argentinas, demandando el fin del recorte financiero que afecta a las universidades.
Los manifestantes expresaron su preocupación por el estado de emergencia de la educación pública, denunciando la asfixia de los salarios docentes y la reducción de becas. El reclamo, que surgió en las aulas, se transformó rápidamente en una crítica al rumbo económico del Gobierno Nacional. La consigna central fue clara: «Sin presupuesto no hay futuro», un mensaje dirigido a la Casa Rosada para frenar el desfinanciamiento del sistema educativo y científico.
La contundencia de esta movilización ha llevado al Gobierno a una posición defensiva, evidenciando una crisis de legitimidad en la gestión educativa. La solidaridad entre los gremios universitarios y otros sectores sociales representa un hito en la resistencia a las políticas de ajuste, enviando un mensaje claro al Congreso sobre la importancia de mantener el acceso a una educación gratuita y de calidad.