El pueblo de Aicuña, en La Rioja, se presenta como un destino turístico alternativo que invita a los visitantes a desconectarse del ritmo acelerado de las ciudades. Ubicado a 1800 metros sobre el nivel del mar, este lugar se encuentra rodeado por una muralla natural de cerros, lo que garantiza una paz inalterable y un entorno único.
Su trazado urbano se adapta al relieve montañoso, con calles serpenteantes que crean un atractivo zigzag en la disposición de las viviendas. La arquitectura, predominantemente de barro, utiliza materiales locales que permiten mantener una temperatura agradable en el clima árido de la sierra.
Aicuña también es conocido por su alto índice de albinismo, que ha despertado el interés de genetistas a nivel internacional a lo largo del siglo XX. Este fenómeno, vinculado a su aislamiento geográfico, ha contribuido a forjar una identidad única, que los habitantes celebran y comparten con orgullo al recibir a los curiosos que visitan el pueblo.