La morosidad en Argentina ha alcanzado niveles alarmantes, siendo la irregularidad en el sistema financiero no bancario del 32,7%, el más alto en casi dos décadas. Este fenómeno se debe, en gran medida, a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y a la disminución de los ingresos de las familias, lo que ha dificultado el pago de préstamos tanto en bancos como en billeteras virtuales.
Según el economista Hugo Vásquez, el aumento de la morosidad no refleja un cambio en el comportamiento de los argentinos, tradicionalmente buenos pagadores, sino que responde a una crisis vinculada a la economía de los hogares. Muchas familias han recurrido a préstamos personales para mantener su nivel de consumo, pero las elevadas tasas de interés, que pueden llegar al 500% anual, han incrementado rápidamente sus deudas.
En el último año, se ha observado que algunas familias han optado por tomar nuevos créditos para saldar deudas anteriores, especialmente de tarjetas de crédito. Sin embargo, este mecanismo ha resultado en un aumento del endeudamiento, llevando a un punto en el que la capacidad de los ingresos para cubrir gastos cotidianos se ha vuelto crítica.