La tradición del cultivo del olivo en La Rioja se remonta al siglo XVI, cuando monjes franciscanos introdujeron los primeros olivos en Sudamérica. De este legado nació la variedad Arauco, la única aceituna autóctona del país, que ha alcanzado reconocimiento por su calidad, incluso generando competidores a las olivas españolas. Este cultivo ha sido fundamental para la identidad y economía de la región durante siglos, pero actualmente enfrenta nuevos desafíos.
Los altos costos de producción, la competencia internacional y el avance de enfermedades amenazan la actividad olivícola. Sin embargo, productores y empresas están adoptando innovaciones como la energía solar y la automatización del riego para adaptarse a las nuevas realidades. Matías Leborán, de la empresa familiar Vista Larga, destaca que su aceite de oliva puede competir a nivel mundial.
Además de la Arauco, variedades como Arbequina, Picual y Arbosana se están incorporando a la producción. Con una década de trayectoria, Vista Larga no solo se dedica a la elaboración de aceites de alta gama, sino que también integra el turismo en su modelo de negocio, reflejando un esfuerzo colectivo por agregar valor y asegurar la continuidad de una actividad emblemática en La Rioja.
No obstante, los productores deben enfrentar la amenaza de la bacteria Xylella fastidiosa, que afecta los olivares tradicionales de la región, lo que plantea un reto adicional para el sector.